Me encontré de pronto
en una calle escondida
del centro de Madrid,
olvidada estaba ella
y más perdida andaba yo.
Mis vacilantes pasos matutinos
me llevaron,
hasta este pintoresco rincón.
Donde el tiempo se detuvo adormecido
hace ya un siglo o dos,
en el que se respira tranquilidad y nostalgia,
acariciado dulcemente por el sol.
Myriam Cobos
domingo, 14 de julio de 2013
ESPEJISMO
Qué poco duró la dicha,
sólo un vuelco al corazón,
rápido se esfumó en la brisa,
la alegría del amor.
No eran para ti esos versos,
que leíste con pasión,
eran suspiros del aire,
que el viento te arrebató.
Cuando llegue la oscura noche,
en silencio y soledad,
acunarás con lágrimas el vacío
que en tu pecho quedará.
Myriam Cobos
sólo un vuelco al corazón,
rápido se esfumó en la brisa,
la alegría del amor.
No eran para ti esos versos,
que leíste con pasión,
eran suspiros del aire,
que el viento te arrebató.
Cuando llegue la oscura noche,
en silencio y soledad,
acunarás con lágrimas el vacío
que en tu pecho quedará.
Myriam Cobos
miércoles, 10 de julio de 2013
LA DANZA DEL SOL
Baila la danza del sol, que se oculta entre las nubes,
cansado de iluminar parajes recónditos,
que esclarece con su fuerza,
y vislumbran una realidad efímera,
disuelta entre sobras de atardeceres indómitos,
recorriendo vacíos de soledad entrañable,
para morir en brazos de una noche,
que bajo su manto se muestra vulnerable.
Myriam Cobos
cansado de iluminar parajes recónditos,
que esclarece con su fuerza,
y vislumbran una realidad efímera,
disuelta entre sobras de atardeceres indómitos,
recorriendo vacíos de soledad entrañable,
para morir en brazos de una noche,
que bajo su manto se muestra vulnerable.
Myriam Cobos
lunes, 8 de julio de 2013
CUANDO ALGO SE OLVIDA
"Cuando algo se olvida, calla el agua.
Cuando se calla el agua, la fuente es solo piedra".
F.B. Reyes
Cuando se olvidan los recuerdos,
solo queda la piedra anhelando
el mármol gris hiriente.
Cuando algo se olvida es...
como si nunca hubiera existido.
Cuando los recuerdos se borran,
se silencia la vida,
la historia desaparece,
y solo espera la tumba
fría, marmórea, helada...
Cuando se calla el agua
el silencio grita infame,
y llega...la calma.
Cuando la fuente se hace piedra,
queda…la nada.
Myriam Cobos
Cuando se calla el agua, la fuente es solo piedra".
F.B. Reyes
Cuando se olvidan los recuerdos,
solo queda la piedra anhelando
el mármol gris hiriente.
Cuando algo se olvida es...
como si nunca hubiera existido.
Cuando los recuerdos se borran,
se silencia la vida,
la historia desaparece,
y solo espera la tumba
fría, marmórea, helada...
Cuando se calla el agua
el silencio grita infame,
y llega...la calma.
Cuando la fuente se hace piedra,
queda…la nada.
Myriam Cobos
sábado, 6 de julio de 2013
TE ESPERARÉ...
Te esperaré…
en un mundo de fantasía,
donde la magia desborda
el color y la alegría,
allí donde las sombras no penetran,
en el lugar íntimo de los sueños,
ilusiones y quimeras.
Te esperaré…
aunque por dentro llueva,
y cantaré versos al viento,
para que los lleve raudo
a tu presencia.
Te esperaré…
aunque nunca vuelva a verte,
y a pesar de que esta vida,
me la arrebate...la muerte.
Myriam Cobos
en un mundo de fantasía,
donde la magia desborda
el color y la alegría,
allí donde las sombras no penetran,
en el lugar íntimo de los sueños,
ilusiones y quimeras.
Te esperaré…
aunque por dentro llueva,
y cantaré versos al viento,
para que los lleve raudo
a tu presencia.
Te esperaré…
aunque nunca vuelva a verte,
y a pesar de que esta vida,
me la arrebate...la muerte.
Myriam Cobos
viernes, 5 de julio de 2013
CUENTO: LA TEMPESTAD DE LOS SUEÑOS
Una tarde de otoño, en la que se preparaba una gran tormenta, Eloísa, que había cumplido ocho años, corrió hacia su abuelo asustada, con el ruido del primer trueno.
El abuelo, para intentar alejarla del miedo que le producía la tormenta, le dijo:
La carita de la niña se iluminó y con curioso ademán, se sentó frente a su abuelo, el cual comenzó a relatar, mientras los truenos y los relámpagos, se hacían cada vez más fuertes:
Había una vez una familia, que vivía, en una gran mansión, al lado del mar y un día de otoño, se levantó inesperadamente una gran tempestad, era tan fuerte, que las olas del mar llegaban hasta la casa, y el agua se colaba por las rendijas de las puertas y golpeaba con furia las ventanas.
Rápidamente, el padre, movilizó a toda la familia, que era muy numerosa, cada uno debería ir cerrando apresuradamente ventanas y persianas, por todas las estancias.
Elena, una de las hijas, una joven callada, tímida, inteligente y sobre todo sensitiva, se ofreció velóz para subir a la tercera planta de la casa, sabía que allí...estaría él…
Subió deprisa las escaleras, de dos en dos, y llegó a la tercera planta, dedicada habitualmente a los invitados, pero casi nunca era ocupada.
Y allí estaba...tumbado en la cama, boca arriba, los los ojos abiertos, pensativo…
Elena sabía que sólo ella podía verle, y que únicamente se aparecía los días de tormenta.
Siempre había intentado hablar con él, era guapo, jóven,
atractivo…pero nunca le hablaba, sólo respondía con un gesto de cabeza, afirmando o negando, pero nunca se levantaba de la cama, y siempre seguía con su mirada lánguida, triste y melancólica.
Elena intentó cerrar el pestillo de una de las ventanas, pero éste se resistía, estaba muy gastado, y además el viento impedía cerrarla, hasta que pudo girarlo con fuerza y la cerró.
Hábilmente, Elena, le dirigió cogido de la mano, hacia un rincón de la habitación, donde había una estantería muy antigua, que según sus padres, ya estaba allí cuando llegaron a la casa y ella ni siquiera había nacido.
Tenía unos curiosos adornos, en especial uno que siempre llamaba la atención de Elena, y que nunca se atrevía a tocar.
Era una figura de porcelana blanca, que representaba el Taj mahal, por fin, la cogió entre sus manos y se la enseñó a Ángel, que permanecía sentado junto a ella.
Ángel la cogió con sumo cuidado, y ante la sorpresa de Elena, la abrió:
¡Era una cajita!, y contenía unos pequeños muñequitos, que representaban a todos los miembros de la que había sido la familia de Ángel y éste, saliendo de su estado habitual, comenzó a relatarle la historia de aquél objeto...era triste, muy triste, aquella historia...
Ese adorno era un regalo de su madre, nunca le había querido, siempre le había tratado mal, tenía muy mal genio y Ángel era muy sensible, esa pequeña cajita, fue lo único bonito que recibió de ella en toda su corta vida, por eso, cuando murió, se había quedado allí, junto a ese precioso objeto, para siempre.
Elena al escuchar la historia se conmovió, y besó de nuevo dulcemente a su Ángel en los labios, éste le devolvió el beso con más intensidad aún.
La tempestad había parado y comenzaba a salir el sol...y Ángel...al fin…partió hacia la eternidad.
-"Ven aquí, siéntate, que te voy a contar un cuento".
La carita de la niña se iluminó y con curioso ademán, se sentó frente a su abuelo, el cual comenzó a relatar, mientras los truenos y los relámpagos, se hacían cada vez más fuertes:
Había una vez una familia, que vivía, en una gran mansión, al lado del mar y un día de otoño, se levantó inesperadamente una gran tempestad, era tan fuerte, que las olas del mar llegaban hasta la casa, y el agua se colaba por las rendijas de las puertas y golpeaba con furia las ventanas.
Rápidamente, el padre, movilizó a toda la familia, que era muy numerosa, cada uno debería ir cerrando apresuradamente ventanas y persianas, por todas las estancias.
Elena, una de las hijas, una joven callada, tímida, inteligente y sobre todo sensitiva, se ofreció velóz para subir a la tercera planta de la casa, sabía que allí...estaría él…
Subió deprisa las escaleras, de dos en dos, y llegó a la tercera planta, dedicada habitualmente a los invitados, pero casi nunca era ocupada.
Y allí estaba...tumbado en la cama, boca arriba, los los ojos abiertos, pensativo…
Elena sabía que sólo ella podía verle, y que únicamente se aparecía los días de tormenta.
Siempre había intentado hablar con él, era guapo, jóven,
atractivo…pero nunca le hablaba, sólo respondía con un gesto de cabeza, afirmando o negando, pero nunca se levantaba de la cama, y siempre seguía con su mirada lánguida, triste y melancólica.
Elena intentó cerrar el pestillo de una de las ventanas, pero éste se resistía, estaba muy gastado, y además el viento impedía cerrarla, hasta que pudo girarlo con fuerza y la cerró.
Pero gracias a ello, se le ocurrió una idea, volvió a abrirla disimuladamente y se dirigió hacia el jóven fantasma, al que había puesto por nombre: "Ángel" por su aspecto angelical, y le pidió y le rogó que la ayudase, tanto y tanto lloró y pidió, que "Ángel" se levantó de su letargo, y juntando las manos los
dos, a un tiempo, la cerraron de golpe.
Elena, llena de emoción, se lanzó a besarle en la mejilla, cuando arrimó sus labios a su cara, sintió que era de carne y hueso, comprobando que al fin su ángel se había materializado, pero éste, lejos de sorprenderse, siguió en su ensimismamiento, disimulando, como si nada hubiera sucedido.
dos, a un tiempo, la cerraron de golpe.
Elena, llena de emoción, se lanzó a besarle en la mejilla, cuando arrimó sus labios a su cara, sintió que era de carne y hueso, comprobando que al fin su ángel se había materializado, pero éste, lejos de sorprenderse, siguió en su ensimismamiento, disimulando, como si nada hubiera sucedido.
Hábilmente, Elena, le dirigió cogido de la mano, hacia un rincón de la habitación, donde había una estantería muy antigua, que según sus padres, ya estaba allí cuando llegaron a la casa y ella ni siquiera había nacido.
Tenía unos curiosos adornos, en especial uno que siempre llamaba la atención de Elena, y que nunca se atrevía a tocar.
Era una figura de porcelana blanca, que representaba el Taj mahal, por fin, la cogió entre sus manos y se la enseñó a Ángel, que permanecía sentado junto a ella.
Ángel la cogió con sumo cuidado, y ante la sorpresa de Elena, la abrió:
¡Era una cajita!, y contenía unos pequeños muñequitos, que representaban a todos los miembros de la que había sido la familia de Ángel y éste, saliendo de su estado habitual, comenzó a relatarle la historia de aquél objeto...era triste, muy triste, aquella historia...
Ese adorno era un regalo de su madre, nunca le había querido, siempre le había tratado mal, tenía muy mal genio y Ángel era muy sensible, esa pequeña cajita, fue lo único bonito que recibió de ella en toda su corta vida, por eso, cuando murió, se había quedado allí, junto a ese precioso objeto, para siempre.
Elena al escuchar la historia se conmovió, y besó de nuevo dulcemente a su Ángel en los labios, éste le devolvió el beso con más intensidad aún.
La tempestad había parado y comenzaba a salir el sol...y Ángel...al fin…partió hacia la eternidad.
jueves, 4 de julio de 2013
LÁGRIMAS DE ESTRELLAS
Sirva la lluvia de lágrimas
y el sol para secarlas.
El viento que arranque las hojas muertas,
y las estrellas, ¡Ay las estrellas!
que brillen en la noche inquietas
para iluminar mi llanto,
consolando la soledad perpetua.
Myriam Cobos
y el sol para secarlas.
El viento que arranque las hojas muertas,
y las estrellas, ¡Ay las estrellas!
que brillen en la noche inquietas
para iluminar mi llanto,
consolando la soledad perpetua.
Myriam Cobos
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